IV Edición REM: Recursos energéticos & mineros

Tengo la visión de aportar y espero poder cambiar a las personas correctas

Su nuevo proyecto, de caracter personal, busca formar líderes que promuevan cambios en la sociedad dominicana.

Tras más de tres décadas viviendo en los Estados Unidos, el dominicano Raúl Burgos entendió que la pasión por sus raíces y el colaborar con su país siempre ha sido, es y será el gran motor de su vida.  “Aunque tengo 31 años fuera, me he quedado prendido de la República Dominicana, nunca me he desconectado, he mantenido siempre esa relación con mi país”, afima.

Aunque es administrador de profesión, la vida lo fue llevando por otro camino, convirtiendo el liderazgo en su mundo, un mundo donde hoy se siente como pez en el agua y en el que ha tenido la oportunidad de trabajar, de la mano de referentes globales como John Maxwell,  en el empoderamiento y formación de personas, comunidades y países enteros.

Hoy, Burgos señala en entrevista para Factor de Éxito que llegó el momento de unir toda la experiencia adquirida en más de 30 años de trabajo en el exterior con su pasión: la República Dominicana, y emprender su proyecto personal, el cual ha llamado Un momento con Raúl Burgos, que en una primera etapa contempla una serie de cápsulas audiovisuales que buscan la formación en liderazgo de los dominicanos.

 

Comencemos por el principio de esta historia. ¿Cómo fue su llegada a Estados Unidos?

Mi entrada a los Estados Unidos fue de la mano de Salvation Army, una institución sin fines de lucro que me contrata como director de programa para trabajar con la comunidad latina, que estaba creciendo muy rápido en la ciudad de Elizabeth, New Jersey.

Yo en ese momento no sabía cuán grande era la organización. Cuando me hacen la oferta, me dicen que están necesitando personas hispanas preparadas, porque está llegando mucha migración, y no sabían cómo ayudarlos a adaptarse y superarse.

En la institución fui creciendo, al poco tiempo asumí más responsabilidades. Desde esa puerta inicial, yo he vivido entrando en espacios en los momentos exacto, conociendo personas de manera puntual.

Siendo mi trabajo en la comunidad de Elizabeth ya conocido por las autoridades, se abre la oportunidad de formar parte de la Junta de Educación, en la que había renunciado uno de sus miembros, y fui escogido para llenar la vacante. Fui nombrado como comisionado, lo que me permitió entrar a un mundo nuevo. Durante ese tiempo logramos hacer escuelas por un monto entre 40 y 50 millones de dólares cada una, estamos hablando de un distrito de 23 mil estudiantes. Fuimos reconocidos como ejemplo y resulté reelecto en tres ocasiones para continuar trabajando por la comunidad en el aérea de educación e inclusión de los hispanos.

Allí me empiezan a ver como un líder de influencia en mi ciudad.  En paralelo, comienzo a leer y fa ormarme en liderazgo.

 

¿Cuándo y cómo comienza a formar parte del equipo de John Maxwell?

En el  año 1995 conozco al doctor Maxwell, comienzo a devorar sus libros y hacer seguimiento de su carrera e impacto.  Con los años, me entero de una iniciativa de la Fundación Maxwell que se llama Un millón de líderes, donde empienzan a entrenar líderes de fe en todo el mundo. Pero, a la República Dominicana no la veo en el mapa.

Cuando averiguo, me dicen que para empezar la iniciativa en un país debe haber una persona local dispuesta a hacer el proceso y asumir la implementación, y en la República Dominicana no habían identificado a nadie. Le dije a la organización en Atlanta que yo buscaba a esa persona.

Me pusieron en contacto con Juan Vereecken en México, quien encabezaba al equipo que estaba llevando el proyecto en español. A la semana tomé un avión hasta Saltillo, México, porque yo quería entrar a la República Dominicana en el ecosistema Maxwell. Estamos hablando del año 2007.

Conseguí a Coanex Peguero, un gran amigo, quien se convirtió en el coordinador del proyecto en la República Dominicana. Debo destacar que un gran impulso a este proyecto fue que, en el 2008, el doctor Maxwell va a la República Dominicana por primera vez para un evento empresarial, organizado un buen amigo mío. Da la casualidad, que llegué un día antes de comenzar los eventos y  coincido en una cena con él. Fue una cena íntima, ese fue mi primer contacto cercano porque hasta el momento solo había estado en sus conferencias.

En esa conversación, le cuento que íbamos a iniciar con Un millón de líderes. Él se emociona mucho y decide promoverlo en su siguiente conferencia en el país. Y eso generó mucho credibilidad. Así comenzamos el proceso de entrenar 1,200 líderes en el año 2009, entre dos entrenadores:  Wilfredo Díaz y yo. Cada seis meses llegábamos y por dos días entrenábamos a estos líderes. Fueron en total seis entrenamientos en tres años.

Estos entrenamientos me llevan a tener la posibilidad de dar mis propias conferencias. Me doy cuenta de que estar viviendo en dos mundos, como dominicano en Estados Unidos, me ha dado una perspectiva que tiene mucho valor: ver desde afuera, como dominicano, las fortalezas y debilidades del país, que quizás desde adentro no se ven. Igualmente, empiezo a dar consultorías con algunas organizaciones durante un par de años.

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¿Cómo ha sido el proceso para llevar Transformación a la República Dominicana?

Juan Vereecken se da cuenta del éxito que Un millón de líderes tuvo en la República Dominicana y sus resultados positivos, lo que hace que mis oportunidades de seguir ayudando  al mundo continúen porque me pide darle apoyo el proyecto en otros países como España, Venezuela, Uruguay, Brasil, ofreciendo esos mismos entrenamientos.

En 2017, cuando ya ha nacido el proyecto Transformación, luego de Un millón de líderes, voy a Guatemala a verlo con mis propios ojos y lo que veo me encanta. Nos reunimos con el presidente, el gabinete, los empresarios, profesores y le susurro a Juan: “algún día en la República Dominicana” , él se rio y me dijo que el proceso es complicado porque el país y el presidente deben aplicar. Para entonces habían 26 aplicaciones y el próximo país sería Costa Rica.

Maxwell regresa a República Dominicana en 2018. La experiencia le gustó y el país entra en el radar. En paralelo, el que eventualmente asume como presidente de la Fundación John Maxwell, George Hoskins, tiene unas fundaciones allí y se enamora del país. Entonces, sin saberlo yo, ellos también comienzan a soñar con la República Dominicana. Empiezan a buscar quién podría encargarse del proyecto y no dan con nadie.

En el 2019 Transformación estaba listo para lanzarse en Ruanda y Papau Nueva Guinea, pero llega la pandemia. El proyecto en estos dos países queda postergado para arrancar en 2021. Sin embargo, a ese lado del mundo le llegó la ola del covid más tarde y al final del 2020 la fundación comienza a preguntarse qué hacer. Allí sale el nombre de la República Dominicana y el mío. La idea era venir, identificar una fundación que pudiera llevar el proyecto y hacer la alianza. No encontramos a nadie. Cambiamos el foco, comenzamos a buscar gente que conformara la fundación, tampoco dimos con el líder.

La presión comienza porque se está cerrando la posibilidad de hacer Transformación en 2021. A la semana recibo la llamada de Juan Vereecken ofreciéndome dirigir el proyecto. Asumí el reto e hice en ese tiempo alrededor de 14 viajes desde New Jersey a Santo Domingo.

Resultados de Dominicana se Transforma

Luego de su implementación, a enero 2023, el proyecto cuenta con:

8,600 mesas de transformación establecidas que involucran en valores a

51,513 personas.

Así mismo, se ha introducido el programa Yo lidero, diseñado para jóvenes y enfocado en el crecimiento personal, la formación de valores y el liderazgo en 72 organizaciones, que cuentan con 32,540 estudiantes.

Igualmente, y en aras del crecimiento de eYo Lidero, se ha introducido el programa en el Ministerio de Educación de la República Dominicana para un mayor alcance, como ha sucedido en otros países como Guatemala, Costa Rica y Paraguay.

 

¿Qué ha pasado en su vida después del éxito de Dominicana se Transforma? ¿Después de esos resultados, qué vino?

Luego de haber recibido felicitaciones por los resultados de Dominicana se Transforma, la Fundación John Maxwell me ofreció que haciera lo mismo, que duplicara el modelo, formara el equipo e implementara el programa en comunidades a lo largo de Latinoamérica. Digo comunidades y no países porque hay países demasiado grandes, como por ejemplo Brasil, Colombia, la propia Venezuela, pero la propuesta es que tomemos una cuidad.

Entonces comienzo los acercamientos en México, Venezuela, Argentina, Puerto Rico, pero me empieza a suceder algo dentro, que al principio no sabía qué era, solo no sentía la misma pasión. Descubro que la razón es que no estaba trabajando para la República Dominicana, para mi país.

Tomo una determinación, no sé cómo, no sé qué, pero en los años que me quedan yo quiero aportar en la República Dominicana. Así nace mi nuevo proyecto Un momento para líderes con Raúl Burgos. 

 

¿En qué consiste? ¿Qué busca con Un momento para líderes con Raúl Burgos?

De  todas las experiencias que he vivido en estos 30 años de carrera, las cuales pienso que pueden aportar un gran valor a otros líderes, he creado un concepto, donde a través de canales digitales y cápsulas de video, de una duración de 7 u 8 minutos, expongo temas de liderazgo, valores y relaciones. 

En el menú se presentan muchas opciones: ¿Cómo establecer iniciativas de impacto? ¿Cómo dirigir grupos? ¿Cómo manejar relaciones significativas con elementos tan importantes como la vulnerabilidad y la transparencia? ¿Cómo manejar nuestras emociones?  ¿Cómo resolver conflictos? ¿Cómo sobrevivir al rechazo?, entre otros temas que serán abordados desde mi experiencia y aprendizaje al lado de grandes referencias del liderazgo como lo es John Maxwell. Siempre a través de la diversión y el humor, porque son de los valores que yo más abrazo.

La idea es empezar a crear comunidad para crecer junto con la audiencia, porque no solamente el que recibe información de valor crece, sino que el que imparte también crece. Esto permitirá un enganche con la sociedad dominicana que, posteriormente, también podría traducirse en charlas, conferencias presenciales y acompañamiento a grandes líderes del país.

 

Con tanto contenido sobre el tema en redes y plataformas digitales, ¿Cuál es el elemento diferenciador de su proyecto?

Soy dominicano, pero vivo en el extranjero, eso es un elemento que proporciona una vista diferente. Entre ellas la oportunidad de aplatanar conceptos de liderazgo que he aprendido con organizaciones con las que he trabajado fuera del país.

Otro elemento diferenciados es que el liderazgo ha sido mi mundo, dudo que otra persona en el país tenga la proximidad que yo he tenido con personajes como John Maxwell, Collin Powell, Patrick Lencioni, Marcus Buckingham, entre otros.

Otra diferenciación es que yo no soy solo un conferencista, yo he dirigido organizaciones y proyectos de importancia.

Además, mucho de lo que hay en redes es coaching, muy inspiracional. Yo estoy pensando en dar herramientas serias, probadas y comprobadas, de cambio de paradigma a largo plazo. Quiero alcanzar a la gente correcta que quiere hacer una diferencia.  

Finalmente, Un momento para líderes con Raúl Burgos, es un proyecto de amor, no estoy pensando en monetización. Yo vivo una vida modesta por decisión, tengo todo lo que necesito. Yo quiero vivir de mi pasión porque eso me hace sentir que vale la pena levantarse cada día.

 

¿Qué huella quiere dejar con este proyecto?

Pienso de manera generacional, esto quiere decir que es posible que la semilla que yo plante quizás no la vea germinar en mi tiempo y debo estar en paz con eso.

Pero a la mejor, luego de un entrenamiento o una conversación, logro cambiar la vida de una persona, que a su vez le cambia la vida a sus hijos y nietos, y son ellos quienes quizás inician una transformación o una revolución. En realidad ese no es mi problema, mi objetivo es cumplir con mi propósito.